jueves, 8 de abril de 2010
Ecología Política y Desarrollo
Desde 1972 cuando por iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas se celebró en Estocolmo la Conferencia Internacional sobre el Hombre y su Medio Ambiente, se perfiló lo que debía ser el eco-desarrollo fundamentado sobre la utilización racional de los recursos humanos y naturales a escala local, nacional y mundial. Más allá de las decisiones de los gobiernos, los representantes de muchas ONG’s, en su mayoría jóvenes, afirmaron su voluntad de trabajar bajo el slogan de que se tiene una sola tierra y así nació la ecología política. En Estocolmo la conciencia planetaria tuvo dos direcciones: la de los científicos y los expertos y la de los ciudadanos para participar frente al peligro de un desarrollo destructor de las plantas, los animales y el hombre. Este nuevo movimiento social cuestionó radicalmente el modelo económico y social de la industrialización y comenzó el camino político en muchos países con la constitución de partidos verdes o ecologistas entre ellos los Grünen de Alemania y los Verts en Francia. La inclusión del medio ambiente entró igualmente en la agenda política de los movimientos sociales con posicionamiento en los electorados locales y nacionales. Todos parten del concepto de repensar la civilización y reorientar el desarrollo especialmente cuando vivimos la época de los más grandes logros científicos pero también de la mayor desestabilización de las condiciones de la vida y el despilfarro de los recursos comunes del planeta. La ecología ha llegado a ser política con pensamiento y programas nuevos dentro de un contrato social en permanente alianza con la naturaleza. En el ámbito latinoamericano la preocupación por el medio ambiente, no sólo tiene que ver por la protección sino también que al ser una región con grandes necesidades económicas y sociales que requiere de un modelo de desarrollo que permita el crecimiento económico, por eso, se inscribe en un concepto más amplio denominado desarrollo sostenible. Venezuela y Portuguesa no escapan de la realidad global, y desde el encuentro armonioso de muchas ONG’s ecologistas, hemos emprendido el camino de la lucha política, con el más sano interés de construir una tercera vía que nos permita salir en forma pacífica y constitucional de la terrible y absurda polarización a las que nos han conducido los políticos tradicionales, por sus ambiciones desmedidas de perpetuarse en el poder algunos y otros por volver a controlarlo, sin tener nada que ofrecernos. Ante tal realidad no podíamos ser indiferentes, sino que la coyuntura histórica por la que atravesamos nos convoca a ser protagonistas de primer orden, en el proceso de relanzar a nuestro país hacia el verdadero desarrollo que otros países con menos recursos que nosotros han alcanzado. Tenemos la firme determinación de aportar nuestra visión de país en el diseño de políticas públicas que nos permitan combatir hasta erradicar el principal flagelo que nos tiene atascado en el subdesarrollo, la pobreza. Para lo cual debemos producir las leyes necesarias que generen confianza a los inversionistas locales y foráneos, para potenciar nuestro aparato productivo, a partir del impulso a la agricultura, la ganadería, el turismo y el mejoramiento de los servicios básicos, esenciales para un desarrollo sustentable y sostenible, en armonía con la naturaleza. De esa manera garantizaremos la siembra del petróleo.
Día mundial del ambiente
En 1972 la Asamblea General de la ONU estableció el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), para promover la cooperación internacional en materia medioambiental. El cual se ocupa del seguimiento constante del entorno, enmarcado en un programa conocido como Vigilancia de la Tierra, así como del análisis de tendencias, la recogida y difusión de información, la adopción de políticas que no dañen el medio ambiente y de comprobar la compatibilidad de los proyectos con las prioridades de los países en vías de desarrollo. Este Programa ha iniciado proyectos relacionados con los siguientes problemas: el estado de la capa de ozono, el clima, el transporte y eliminación de los residuos, el entorno marino, el agua, la degradación del suelo, la deforestación, la biodiversidad, el entorno urbano, el desarrollo sostenible, el ahorro de energía, los asentamientos humanos y los temas demográficos, la salud, las sustancias tóxicas, las leyes medioambientales y la educación. La financiación de sus actividades procede del presupuesto general de la ONU, de las aportaciones realizadas por los estados miembros y de fondos de empresas privadas. El dinero se destina de forma proporcional: un 20% para África, Asia, Latinoamérica, Asia occidental, Europa y el Mediterráneo y un 80% para proyectos globales. Sin embargo no es una agencia de financiación. Sus recursos se utilizan para poner en marcha programas, que a su vez consiguen fondos procedentes de otras fuentes, como gobiernos y agencias medioambientales. Trabaja en estrecha colaboración con otros organismos de la ONU, en especial con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), y coopera con más de 6.000 ONG’s que se ocupan del medio ambiente. Su Consejo de Gobierno, formado por representantes de 58 estados miembros, se reúne cada dos años, y el Comité Administrativo para la Coordinación realiza una labor de enlace con otras agencias de la ONU y programas relacionados. La sede de la organización se halla en Nairobi (Kenia). En Venezuela, país signatario del PNUMA, pareciera letra muerta lo establecido en los múltiples acuerdos y tratados internacionales de carácter ambiental suscritos por nuestro país, así como lo contenido en la propia CRBV en materia de derechos ambientales. Afirmación que sustento en la arbitraria decisión del gobierno nacional de intervenir por la fuerza, sin previa planificación, sin estudios preliminares de impacto ambiental ni social, en nuestra principal zona ABRAE (Área Bajo Régimen de Administración Especial), para explorar y explotar los más grandes yacimientos de gas del país, causando daños irreversibles a nuestro ecosistema (fauna silvestre y flora) mediante el ruido de grandes maquinarias, taladros y helicópteros y utilización de sustancias tóxicas contaminantes de acuíferos confinados y los ríos Tucupido, Boconó, Masparro y La Yuca, entre otros, alimentados por las principales cuencas hidrográficas que se originan en la parte más alta de dicha zona protectora. Además de la flagrante violación de nuestros derechos ambientales, debo resaltar también la violación de nuestra soberanía territorial, ya que además de los daños ecológicos, nos roban el gas para potenciar el desarrollo del estado Barinas, en detrimento de nuestra legítima aspiración a un desarrollo sostenible a partir del uso de nuestros recursos naturales. Esa es nuestra principal bandera de lucha en el día mundial del ambiente y nuestra meta es ganar la gobernación de Portuguesa para revertir el asunto.
Desarrollo y sostenibilidad
Coincido con David Barkin (Prof. Universidad Autónoma Metropolitana, México; Premio Nacional de Economía Política), quien afirma: “No podemos esperar a que los expertos se pongan de acuerdo para definir el desarrollo sostenible o a que las naciones latinoamericanas se comprometan a implementar estrategias idóneas. Enfrentar las contradicciones ecológicas de los sistemas productivos es una necesidad impostergable.”
Los avances en nuestra visión holística del desarrollo sostenible, marchan paralelos a la creciente receptividad que recibimos en el proceso de construcción del Movimiento Ecológico de Venezuela (Movev), que desde su oportuno lanzamiento como el Partido Verde venezolano, asume un compromiso solemne y esencial con las presentes y futuras generaciones de compatriotas, que a gritos le exigen al nuevo liderazgo que emerge, enfrentar los retos de la supervivencia de la humanidad con visión, inteligencia y tenacidad, trascendiendo el modelo cupular, clientelar y autoritario de la partidocracia imperante por uno que garantice la más amplia participación ciudadana en el perfeccionamiento de la democracia o en la invención de un nuevo paradigma, más avanzado y más humano.
No le tememos a la incorporación masiva de grupos sociales de base como paso ineludible para establecer estrategias económicas que incluyan la conservación del ambiente, ese será uno de nuestros mayores retos. Es imprescindible diseñar y ejecutar políticas que faciliten esa incorporación, como parte del plan para revertir la terrible polarización y promover la sustentabilidad como la tercera vía, de la cual el Movev es abanderado.
Enfrentar los retos del desarrollo sostenible no consiste sólo en cuestionar nuestros patrones y prioridades de vida: también es poner en tela de juicio los valores básicos y el funcionamiento de los grupos más poderosos en todo el mundo. Para esta tarea es preciso entender los problemas y plantear soluciones. Educar para avanzar hacia la sostenibilidad es cuestionar todo y sembrar desde la escuela una semilla de optimismo en la sociedad.
El desarrollo sostenible no es una meta: es un proceso que tendrá que abarcar a todos, un camino que tendremos que recorrer juntos para que la humanidad tenga la opción de perdurar. El diagnóstico revela que las crisis derivan de los avances del proyecto civilizatorio de moda: avances en la tecnología; aumentos en la producción y en la integración nacional e internacional y en sus secuelas, como pueden serlo la polarización social con un aumento inaceptable de pobres y la profundización de su tragedia; la escasez de servicios básicos; la destrucción y la degradación del ambiente, bosques y selva, océanos y ríos, y los demás ecosistemas que albergan la vida y los medios para mantenernos en el planeta. Es evidente la necesidad de modificar el actual modelo de desarrollo. Ayúdanos a reiventar uno mejor.
Los avances en nuestra visión holística del desarrollo sostenible, marchan paralelos a la creciente receptividad que recibimos en el proceso de construcción del Movimiento Ecológico de Venezuela (Movev), que desde su oportuno lanzamiento como el Partido Verde venezolano, asume un compromiso solemne y esencial con las presentes y futuras generaciones de compatriotas, que a gritos le exigen al nuevo liderazgo que emerge, enfrentar los retos de la supervivencia de la humanidad con visión, inteligencia y tenacidad, trascendiendo el modelo cupular, clientelar y autoritario de la partidocracia imperante por uno que garantice la más amplia participación ciudadana en el perfeccionamiento de la democracia o en la invención de un nuevo paradigma, más avanzado y más humano.
No le tememos a la incorporación masiva de grupos sociales de base como paso ineludible para establecer estrategias económicas que incluyan la conservación del ambiente, ese será uno de nuestros mayores retos. Es imprescindible diseñar y ejecutar políticas que faciliten esa incorporación, como parte del plan para revertir la terrible polarización y promover la sustentabilidad como la tercera vía, de la cual el Movev es abanderado.
Enfrentar los retos del desarrollo sostenible no consiste sólo en cuestionar nuestros patrones y prioridades de vida: también es poner en tela de juicio los valores básicos y el funcionamiento de los grupos más poderosos en todo el mundo. Para esta tarea es preciso entender los problemas y plantear soluciones. Educar para avanzar hacia la sostenibilidad es cuestionar todo y sembrar desde la escuela una semilla de optimismo en la sociedad.
El desarrollo sostenible no es una meta: es un proceso que tendrá que abarcar a todos, un camino que tendremos que recorrer juntos para que la humanidad tenga la opción de perdurar. El diagnóstico revela que las crisis derivan de los avances del proyecto civilizatorio de moda: avances en la tecnología; aumentos en la producción y en la integración nacional e internacional y en sus secuelas, como pueden serlo la polarización social con un aumento inaceptable de pobres y la profundización de su tragedia; la escasez de servicios básicos; la destrucción y la degradación del ambiente, bosques y selva, océanos y ríos, y los demás ecosistemas que albergan la vida y los medios para mantenernos en el planeta. Es evidente la necesidad de modificar el actual modelo de desarrollo. Ayúdanos a reiventar uno mejor.
Desafíos mundiales y cuestiones apremiantes
Luego de un receso obligado, en virtud de la organización del 1er. Congreso venezolano de Ecología Social, retomo la tarea de comunicarme por medio de esta herramienta que me permite transmitir asuntos de interés general, que motivan siempre un cambio de actitud hacia lo positivo. Hacer frente al doble desafío: Los “empleos verdes” se han convertido en una especie de emblema de una economía y sociedad más sostenible, capaz de conservar el medio ambiente para las generaciones presentes y futuras, más equitativa y abierta a todas las personas y a todos los países. Los empleos verdes permiten concebir la esperanza de que la humanidad podrá hacer frente a dos de los desafíos determinantes del siglo XXI: 1.-Evitar un cambio climático peligroso y potencialmente inmanejable y proteger el medio ambiente natural que sustenta la vida en la Tierra, y 2.-Ofrecer trabajo decente y, de esa manera, una perspectiva de bienestar y dignidad para todos, a medida que la población mundial continúa aumentando, mientras que más de mil millones de personas se ven excluidas del desarrollo económico y social. Estos dos desafíos están estrechamente vinculados y no se pueden abordar por separado. Los empleos verdes son la clave para hacer frente a ambos desafíos simultáneamente. La degradación ambiental, en que se incluye la contaminación del agua, la tierra y el aire, la pérdida irreversible de biodiversidad, el deterioro y agotamiento de los recursos naturales como el agua, la tierra agrícola fértil y los peces es una de las más graves amenazas para el desarrollo económico y sostenible en términos más generales. Los costos ambientales y sanitarios superan ya muchas veces los beneficios de la actividad económica que provoca el daño. Esta situación se agravará en el futuro por los impactos del cambio climático, que se dejan ya sentir en muchos países en desarrollo. A mediano y largo plazo, el cambio climático previsto provocará una grave perturbación de la actividad económica y social en muchos sectores de todos los continentes. Los escenarios científicos para evitar un cambio climático peligroso y posiblemente inmanejable prevén que las emisiones de gases de efecto invernadero alcancen un máximo en los próximos 10-15 años y luego disminuyan a la mitad hasta mediados de siglo. Para estabilizar el clima se necesitará una transición rápida hacia una economía mundial, con baja emisión de carbono. El desafío social es igualmente amenazador: nada menos que 1.300 millones de personas, más del 40% de la mano de obra mundial, y sus familiares a cargo están condenadas a una existencia de pobreza e inseguridad porque sus ingresos son demasiado bajos y se ven relegadas a la economía informal. Hay 190 millones de desempleados y decenas de millones de jóvenes en busca de empleo que no pueden encontrar un lugar en la sociedad. Los mercados de trabajo son imprescindibles no sólo para la producción y la generación de riqueza sino también para su distribución. Los ingresos resultantes del trabajo desempeñan un papel primordial en la reducción de la pobreza y en la distribución de los beneficios del crecimiento económico. Más allá de su función económica fundamental para los países, empresas, familias e individuos, el trabajo permite a las personas establecer su propia identidad, participar en la sociedad y contribuir a ella. El empleo remunerado y el trabajo decente son, por lo tanto, fundamentales para la cohesión social y la estabilidad. Debo confesar que la amenaza del empobrecimiento acelerado me hizo emigrar con mi familia de mi estado natal, cambiando el escenario de la lucha a través del Movimiento Ecológico de Venezuela y la Asociación Civil “Brújula Ecológica”.
De la ciudadanía incompleta a la eco ciudadanía
No hay dudas de que el 2010 llegó con enormes expectativas y grandes presagios, tanto en lo individual como en lo colectivo. La discusión sobre ciudadanía estuvo desatendida durante muchos años, hasta que retomó un primer plano tanto en los países industrializados como en América Latina (Kimlicka Y Norman, 1997). Se anunció el “retorno del ciudadano”, potenciado al calor del proceso de redemocratización en muchos países de América Latina que tuvo lugar desde mediados de la década de 1980. Por un lado, creció el interés sobre los derechos civiles y sus contrapartes políticas, referidos a la necesidad de potenciar regímenes democráticos, y, por el otro lado, la idea de derechos sociales generó muchas discusiones políticas. Desde las corrientes neoliberales se defendía un cierto tipo de individualismo ciudadano frente a las intervenciones del Estado, mientras que desde las corrientes de izquierda se invocaba la ciudadanía en cuestiones como los derechos humanos, condiciones básicas de la calidad de vida en educación, salud, vivienda, alimentación, etcétera. Se hizo evidente que el ejercicio de la ciudadanía en América Latina, tanto en sus concepciones convencionales descritas por Marshall (1965), como en otras más complejas, padecía de importantes deficiencias y en algunos casos simplemente no existía. Esto explica las alusiones a conceptos como ciudadanía de “baja intensidad”, “subordinadas” o “incompletas”. En la dimensión ambiental la situación también era dramática en varios países, donde no se contaba con una buena normativa, o bien simplemente no se cumplen las normas, como sucede en Venezuela. Durante las décadas de 1980 y 1990, en América Latina se intentó incorporar la dimensión ambiental en ese contexto de ciudadanías incompletas o recortadas. Las reformas de mercado y los sucesivos gobiernos de vocación neoliberal que se sucedieron en esos años desembocaron en el debilitamiento de la cobertura ciudadana. Mientras se mantienen algunos aspectos formales de las democracias liberales, especialmente la competencia electoral, el mercado logró conquistar un gran protagonismo. Se desembocó como en nuestro caso, en las “ciudadanías de baja intensidad”, donde se debilitaban aspectos como los derechos humanos de tercera generación (incluyendo sus componentes ambientales), pero también su cobertura jurídica, o el mantenimiento de espacios colectivos, independientes, y basados en la solidaridad. En la última década retrocedimos al menos cinco, respecto de conquistas ya alcanzadas. La invocación a la ciudadanía en la política y gestión ambiental están cobrando enorme importancia en Venezuela y América Latina. Esa relevancia se expresa de diversas maneras, que van desde el análisis sobre las fortalezas y debilidades ciudadanas en la temática ambiental, a la dinámica impuesta por conflictos sociales enfocados en temas ambientales. Es así que, tarde o temprano, tiene lugar un debate sobre cómo se incorporan (o no) los aspectos ambientales en el ejercicio de la ciudadanía. De allí que celebramos el surgimiento del Movimiento Ecológico de Venezuela como la primera referencia político-ecológica a mediados del 2008 y el nacimiento de la Asociación Civil “Brújula Ecológica” en el 2009, cumpliendo su primer objetivo, realizar al final de ese mismo año el 1er. Congreso venezolano de Ecología Social, que introduce a nuestro país, en el gran debate necesario, que se plantea a nivel planetario. Si bien en el seno de las ciencias sociales y políticas han proliferado los análisis sobre la ciudadanía, prevalecen las perspectivas tradicionales donde no se incorpora la temática ambiental. Es importante mantener y profundizar los abordajes de ciudadanía clásicos basados en derechos ambientales, pero a la vez aceptar, alentar y fortalecer otras posturas alternativas que se originan desde muy diversos actores, configurando meta ciudadanías ecológicas que defienden otras perspectivas éticas, culturales y políticas. Para el presente año cumpliremos una intensa agenda, que incluye entre otras cosas la regionalización del Movev y de Brújula Ecológica, en el marco de nuestro plan de acción socio político y educativo de proyección de la ideología “verde”, con miras a establecer un puente que permita unir a los venezolanos en el proyecto de reconstrucción post Chávez, lo cual implica, más que unidad de “cogollos” partidistas e ideologías, la integración de ideas, planes y proyectos por parte de todos los sectores involucrados. ¡Bienvenido 2010!
jueves, 10 de septiembre de 2009
El desarrollo humano es inmanente a la ecología
Motivación
El desarrollo humano es inmanente a la ecología
El desarrollo humano es inmanente a la ecología
Juan Eliécer Ramírez
El desarrollo humano integral está íntimamente relacionado con el respeto al medio ambiente y a la creación de todas las cosas. El Movimiento Ecológico de Venezuela (Movev) no solamente promueve la defensa de la tierra, del agua y del aire, que el Creador ha donado a todos, sino que se ocupa de proteger al hombre contra la destrucción de sí mismo. Cuando la ecología humana es respetada dentro de la sociedad, también la ecología del ambiente obtiene beneficios. Urge la necesidad moral de una renovada solidaridad no sólo entre los países, sino también entre los simples hombres. El mundo agrícola puede contribuir a la construcción de un mundo donde la paz sea fruto de un real compartir de los bienes de la tierra entre todos sus habitantes. La felicidad no surge de las tristes y precarias condiciones de vida que en la actualidad padecen millones de seres humanos en el planeta, al contrario, debemos buscar revertir tal situación. No es bueno, de hecho, ni ser pobres, ni estar afligidos, ni estar hambrientos, ni ser insultados. Al plantearnos la idea de construir una nueva ideología, a partir de la Ecología Social, lo hacemos persuadidos de que el centro de todo proceso, y de la creación misma, es el hombre. Si cumplimos las leyes básicas del Creador, sintetizadas en Sus dos grandes mandamientos, a saber: “Amarás a tu Dios por encima de todas las cosas y amarás a tu prójimo como a ti mismo”, respetaríamos, hasta reverenciaríamos cada elemento de la vasta creación a nuestro alrededor. No se trata siquiera de pertenecer o no a tal o cual religión, sino del más mínimo sentido común, del más mínimo sentido de pertenencia. La ecología social está en su fase de elaboración, y desde Venezuela queremos hacer nuestro modesto aporte al plantearnos el desafío de realizar el primer Congreso venezolano de Ecología Social, a los fines de introducir contenido al debate político, muy estéril, sin visión ni proyecto de país. Se trata de una gran tarea colectiva, que supone la necesidad de recorrer varios caminos vinculados entre sí. Un esclarecimiento conceptual riguroso, y al mismo tiempo flexible. Una dilatada acumulación de informaciones sobre la naturaleza y la historia del continente, especialmente sobre la relación de ambas, y sobre los acontecimientos contemporáneos a escala planetaria. Debemos enfrentar con inteligencia y organización las diferentes formas en que los poderes dominantes (políticos y económicos) en diferentes épocas concibieron y ejecutaron sus estrategias de apropiación de la naturaleza, sin medir sus consecuencias ambientales y sociales. La ecología social debe traer implícita una reflexión sobre la democracia y sobre la justicia ambiental como ampliación y complementación de los derechos humanos. A mi juicio, no nos queda otro camino, pues, ante el rotundo fracaso de los modelos probados, la ecología social luce como una obligación moral y ética, una responsabilidad colectiva de marchar sin prejuicios ni temores, por la senda del desarrollo sustentable. Como Movimiento Ecológico de Venezuela, aspiramos salir fortalecidos tanto de nuestra asamblea nacional el próximos 19 de septiembre, en Valencia, así como de nuestro primer congreso de ecología social durante los días 5 al 7 de noviembre, en San Antonio de los Altos, punto de partida de un gran peregrinaje por todo el país, en el que compartiremos con todos los venezolanos, nuestro novedoso proyecto de país “Hacia la Venezuela Sustentable”. elieceramirez@yahoo.com.
Apreciar la belleza de la vida
Motivación
Apreciar la belleza de la vida
Juan Eliécer Ramírez
Apreciar la belleza de la vida
Juan Eliécer Ramírez
Poder contemplar desde un vuelo rasante las costas de las hermosas islas del Pacífico, extasiarnos con el mar al amanecer, fascinarnos con la regularidad con que las gigantescas olas se mueven constantemente para desvanecerse en la playa, me permiten pensar en lo invariable que es el plan del Señor, con su ley inmutable y eterna. Al observar que la cresta de cada ola se forma en un punto diferente siguiendo su propio recorrido hasta la costa; unas se estrellan en cascada contra las rocas convirtiéndose en mansos arroyuelos de agua blanca y espumosa; otras peinan la playa, formando amorfas figuras sobre la arena.
Cómo no pensar en la infinita variedad de posibilidades que el Creador ha puesto a nuestro alcance, nos dio la libertad como don supremo para disfrutar tantas oportunidades de desarrollar nuestra personalidad única, nuestros talentos y habilidades, nuestra memoria, nuestras contribuciones personales.
Cómo no apreciar cada ocasión de volver a observar las maravillas de la majestuosa creación y la belleza de la vida circundante, imaginar el glorioso panorama que el sol seguramente producirá esta tarde, como todas las tardes y ocasos que he vivido.
Cómo no reverenciar la obra y la belleza innata de nuestro hacedor y convertirnos a la idea de preservar su creación en las inmejorables condiciones en las que nos las entrega para nuestro provecho y bienestar.
El ser ecologista es, en consecuencia, una muestra de gratitud ante tanta belleza, fulgor y esperanza. Mis lágrimas brotan por este asombroso mundo en que vivo, por esta Tierra de resistencia extraordinaria, que todo lo soporte, todo lo espera; por la madre naturaleza, cuya belleza es la expresión más sublime del creador y la razón de ser de la ciencia ecológica.
Ser ecologista no es sólo contemplar la bella realidad creada a nuestro favor, sino ocuparnos de enmendar la actitud indiferente y destructiva de quienes parecen ciegos para no ver el daño que se causan a si mismos y a las generaciones por venir.
Tal vez quienes así actúan no han tenido tiempo de apreciar la maravilla de una noche despejada en la que el Creador descubre el prodigio de Sus cielos, las estrellas titilantes, los rayos de una luna llena o nueva, para encender nuestra imaginación con Su grandeza y Su gloria. Es fascinante observar una semilla plantada en suelo fértil, verla cómo germina, se fortalece y brota de un tallito diminuto y aparentemente insignificante, que pacientemente crece y desarrolla sus características de acuerdo con el código genético que el Creador le haya dado para guiar su desarrollo. Con cuidado, sin duda, se transformará en lo que esté destinada a ser: un lirio coronado de gracia y hermosura, una planta de fragante menta, un aguacate o una bella flor de delicadeza y fragancia exclusivas.
Apreciar la vida y su belleza es equivalente a respetar cada una de las especies del reino animal, garantizando su supervivencia y por ende el equilibrio biológico y la biodiversidad. Aun cuando la condición humana nos permite enseñorear y presidir sobre la creación de esta Tierra y su incalculable dotación de recursos renovables y no renovables, con el único propósito de garantizar nuestra sustentabilidad y sostenibilidad.
Trabajar en función de reducir los riesgos negativos de la explotación de esos recursos, que en algunos casos comienzan a dar señales de escasez, reviste de una elevada trascendencia y obliga al nuevo liderazgo del planeta a replantear la forma de hacer las cosas, especialmente la forma de hacer política y la manera de administrar los recursos humanos y financieros disponibles. eliéceramirez@yahoo.com
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