jueves, 8 de abril de 2010

La ecología humana

La ecología humana estudia las relaciones entre los seres humanos y su entorno. Los especialistas en ecología humana investigan el modo en que las personas adaptan sus características genéticas, fisiológicas, culturales y de conducta al medio físico y social. El estudio de la interacción entre los seres humanos y su entorno se remonta a los antiguos griegos, quienes creían que el entorno físico determinaba la cultura y la conducta de las personas. Sostenían que los climas cálidos propiciaban la inactividad, mientras que la mayor diversidad climática era fuente de salud y equilibrio. Este punto de vista, llamado determinismo ambiental, se ha mantenido hasta el siglo XXI. Sin embargo, durante el siglo XIX el aumento de datos arqueológicos y etnográficos demostró que desde que los seres humanos han utilizado la cultura para superar las dificultades ambientales, el entorno no ha constituido más que una influencia de tipo menor en la sociedad. Un punto de vista intermedio y, en parte, opuesto al determinismo ambiental, que el etnólogo alemán Franz Boas denominó ‘posibilismo’, sostiene que el entorno ofrece al ser humano una serie de posibilidades, cuya elección depende de los factores históricos y culturales que vaya adoptando la evolución social. A finales de la década de 1940 el antropólogo estadounidense Julian Steward introdujo la idea de que los seres humanos forman parte de un sistema ecológico. Acuñó el término de ‘ecología cultural’ y dio un nuevo impulso a la investigación de las sociedades de cazadores-recolectores, de pastores y de agricultores. Sin embargo, hasta la década de 1960 no se produjo la unificación de los conceptos de ecología cultural y biológica en el de ecología humana. Hoy este concepto se incluye dentro de un amplio marco ecológico y evolutivo, que engloba dos procesos: por un lado, la influencia del entorno en los seres humanos y la adaptación de éstos al entorno, y, por otro, el impacto que los seres humanos producen sobre el entorno en los aspectos físicos, económicos, culturales y otros, como la nutrición, los desastres ecológicos o la demografía. Los ejemplos que se exponen a continuación son ilustrativos de la interacción de los diferentes tipos de adaptaciones. Los seres humanos han fundado asentamientos en casi todas las zonas del planeta, por lo que se han tenido que adaptar a entornos muy diferentes, desde desiertos tórridos con temperaturas superiores a los 35 ºC, hasta zonas extremadamente frías, con temperaturas que descienden hasta por debajo de los -46 grados centígrados. Sin embargo, las adaptaciones culturales como la vestimenta son igualmente importantes. Los pueblos de la cordillera de los Andes que viven en climas fríos utilizan ropas de lana de colores oscuros para guardar el calor, mientras que en el desierto se utilizan ropas sueltas que protegen la piel de los efectos dañinos de la luz solar directa, a la vez que permiten la ventilación. Plenamente justificada entonces, la existencia por más de cinco décadas de los partidos verdes en el mundo, cuya influencia positiva nos ha permitido organizar en nuestro país el Movimiento Ecológico de Venezuela, inscrito ante el CNE y afiliado a la Federación de los Partidos Verdes de América Latina y a la Global Verde Internacional, con presencia en los cinco continentes. Estamos ganados a rescatar el carácter humanístico y científico de la política para ponerla al servicio de los intereses de los venezolanos. Estamos obligados a transitar una tercera vía, ante el fracaso de los modelos anteriores.

Gestión pública y medio ambiente

No en vano nací y viví mis primeros años en medio de la exuberancia de la naturaleza, trepando las ramas de los árboles para merecer el premio de atrapar la mejor fruta, corriendo entre las sombras de la espesura sin poder mirar las nubes, aun en medio de la engransonada y polvorienta carretera de Madre Vieja. ¿Cómo olvidar la fiesta de los araguatos tan cerca del patio de la casa de troncos, palma y caña brava? ¿Cómo no amar el despertar con el himno matinal de infinidad de aves? ¿Cómo no sucumbir ante el recuerdo de mis zambullidas infantiles en las aguas cristalinas del caño La Rita? Creo que muy temprano en la vida, aun antes de nacer del vientre de mi madre ya era ecologista. No es casual entonces que hoy me encuentre inmerso en la más hermosa lucha por nuestro derecho universal a un ambiente sano y libre de depredadores.
He aprendido que la economía es un subsistema del ambiente, en el cual ninguna actividad económica puede sobrepasar los límites del ambiente por un largo tiempo, sin que se produzcan consecuencias negativas para ambos. Es imperativo interrelacionar los aspectos económicos, sociales y políticos, al momento de planificar y tomar las mejores decisiones para alcanzar la tan cacareada sustentabilidad. Ser sustentables es un desafío para cualquier sociedad, por tal razón debe optimizarse la relación entre economía y ambiente, de manera que la economía pueda satisfacer las necesidades de la presente generación, al tiempo que garantice también las necesidades de las futuras generaciones.
Según el Dr. Manuel Díaz, destacado consultor ambiental: “El Estado tiene un importante rol en el logro de una adecuada relación economía-medio ambiente, las actividades que desarrolla incluyen la explotación de recursos naturales importantes. Contribuir al logro de una sociedad sustentable es una meta prioritaria para la industria y en especia para la industria privada, lo que implica, que sus producciones no deben realizarse a cualquier costo económico y ambiental, en este sentido, debe completar la formación de la fuerza técnica de alta calificación y dedicación con que cuenta, en los aspectos ambientales e introducir el uso de tecnologías que permitan la mejora continua de los aspectos técnicos vinculados al medio ambiente, teniendo en cuenta que los impactos ambientales no podrán ser llevados a cero o eliminados, pero si pueden ser reducidos a niveles ambientalmente aceptables.” (Liderazgo para la transformación, IUGT-CAF, Pág. 1). He allí la trascendencia del gran salto de los grupos ecologistas de la acción contemplativa y eminentemente social (lucha plenamente justificada) al escenario político, para abordar sin ningún tipo de complejos los espacios donde se planifica y se toman decisiones en cuanto a qué proyectar y en qué destinar los cuantiosos recursos financieros que año tras año se desvirtúan y se pierden en la vorágine de la corrupción, creando un problema aun más complejo que los propios daños ocasionados al medio ambiente, una sociedad de cómplices, quienes por dinero permiten que la muerte aceche de manera acelerada a nuestro hermoso y único planeta. Todo lo anterior justifica el surgimiento por primera vez en nuestro país del Movimiento Ecológico de Venezuela, inspirado en los buenos ejemplos que en el fragor de la lucha han librado los partidos verdes de Europa, África y Las Américas. Ahora nos encontramos en el proceso de legalización en por lo menos doce estados para convertirnos en un partido nacional, para lo cual nos agradaría contar con tu valiosa firma y decidido apoyo a nuestro esfuerzo por construir la tercera vía que Venezuela está esperando para vencer la polarización.

Derecho constitucional a un ambiente ecológicamente sostenible

En algunos países se ha producido la discusión acerca de la necesidad de que el estado se involucre directa, responsable y solidariamente en la protección del ambiente. Dicha requisitoria a una intervención estatal suele estar planteada desde la perspectiva del ambiente como un derecho humano. Esta perspectiva es fundamental, ya que conecta directamente el concepto de estado democrático de derecho con la noción de derechos humanos, siendo aquél el estado donde rigen estos derechos y donde toda la acción estatal termina realizándolos. La lucha por el reconocimiento del ambiente como un derecho humano tiene una historia de unos 25 años, periodo en el que la doctrina especializada ha venido propugnando su reconocimiento en los ámbitos nacional e internacional, lo cual ha encontrado un escollo proveniente, principalmente, de la dificultad de definir el carácter de tal derecho. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948, establece claramente que “toda persona tiene el derecho a un nivel adecuado de vida que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar”. El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, de 1966, establece, directamente, el carácter del ambiente como un requisito indispensable para el adecuado desarrollo de la persona. La Declaración de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano, de Estocolmo-1972, establece que es un derecho del hombre gozar de las “condiciones de vida satisfactorias en un ambiente cuya calidad le permita vivir con dignidad y bienestar”. Como contrapartida a este derecho, la misma Declaración reconoce el “deber solemne de proteger y mejorar el medio ambiente para las generaciones presentes y futuras”. En la Reunión Mundial de Limoges, de 1990, se recomendó que el derecho del hombre al ambiente fuera reconocido a nivel nacional e internacional y que los estados tienen el deber de garantizarlo. La Carta de Derechos Ambientales y Obligaciones de Individuos, Grupos y Organizaciones, adoptada en Ginebra en 1991, se manifiesta en el mismo sentido: “Todos los seres humanos tienen el derecho fundamental a un ambiente adecuado para su salud y bienestar y la responsabilidad de protegerlo para el beneficio de la presente y de futuras generaciones”. La Cumbre de Río de Janeiro, de 1992, consolidó la evolución de este derecho al señalar que todos los seres humanos tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza. En la Declaración de Vizcaya (Bilbao; Seminario Internacional sobre Derecho al Ambiente; 1999) se deja clara la condición de derecho humano que tiene el ambiente, indicándose que se relaciona con el respeto a la dignidad de todo ser humano; se ratifica el derecho a un ambiente sano y equilibrado y la responsabilidad pública y de organizaciones internacionales de protegerlo, velando por el uso racional de los recursos naturales y el impulso de modelos de producción y uso que conduzcan a un desarrollo sustentable; se subraya la necesidad de transparencia de todos los procesos de toma de decisión en ámbitos públicos en temas ambientales (reconocimiento del derecho a la participación, al acceso a la información y el derecho a la información). He allí la trascendencia de nuestra actuación que desde la ONG “Rescatando a Portuguesa”, pretende crear una nueva conciencia respecto del hecho ambiental, por lo que hemos adoptado como bandera de lucha el derecho que tenemos los portugueseños de que el gas que se encuentra en el subsuelo de nuestro territorio sea procesado y comercializado en nuestro estado, respetando el derecho humano fundamental a un ambiente adecuado para su salud y bienestar y la responsabilidad de protegerlo para el beneficio de la presente y de futuras generaciones.

El agua como factor del desarrollo

¿Se puede concebir el desarrollo sin agua? ¿Será posible cambiar nuestra actitud derrochadora y depredadora del entorno antes de quedarnos sin agua? El agua es aun uno de los principales y más valiosos componentes del capital natural de Venezuela, pero en la actualidad sufrimos las consecuencias de un pasivo ambiental que se expresa en el deterioro de la calidad de las aguas y una seria disminución de la oferta natural del recurso en amplias zonas del país. El manejo de los recursos naturales y sus ecosistemas, especialmente nuestras cuencas hidrográficas, constituyen un problema aun no resuelto en los 50 años de democracia. Es imperativo que en nuestro país, así como en el resto de las economías desarrolladas, se valore la trascendencia que tiene para la sobrevivencia de las especies, la protección de los recursos y el medio ambiente. Para tomar decisiones adecuadas, con el fin de alcanzar metas de gestión integrada del agua, es necesario armonizar los intereses y la dinámica de las poblaciones con las condiciones y la dinámica propia del entorno donde habitan dichas poblaciones, en particular con relación a las cuencas hidrográficas y sistemas costeros. Dichas decisiones deben integrar conocimientos de las características del comportamiento humano con las características del ambiente donde habitan. Esta necesaria articulación aportada por las ciencias blandas (sociología, antropología, jurisprudencia, economía y política) con las ciencias duras (física, química, biología, ecología e ingeniería) para tomar decisiones, no ocurre en la práctica. La carencia de articulación, para combinar los aportes de ambos grupos de disciplinas y ciencias, es una de las causas de ingobernabilidad en materia de gestión integrada del agua. Las decisiones se toman usualmente en forma simplificada y parcial, con paradigmas preestablecidos, y en la mayoría de las veces ignorando el comportamiento del entorno natural donde se aplican tales decisiones. En Venezuela, seguimos utilizando nuestros cauces, cuencas y costas como basurero universal, vertiendo toda clase de residuos, y aunque es realmente notoria la capacidad del Orinoco y el Mar Caribe para absorber todo esto, se está llegando ¡al limite! Las descargas de aguas servidas en esos ecosistemas ocasionan problemas de carácter estético, presentan riesgos potenciales a la ecología y a la salud pública y algunas veces implican consecuencias económicas negativas al restringir la activad turística. La actividad humana es la principal responsable de la amenaza a la diversidad de la vida en las cuencas hidrográficas y vida marina. Otros factores que causan daños a los ecosistemas son las descargas de aguas servidas, tanto industriales como urbanas y agrícolas, aunados a la deforestación, la construcción y el desarrollo sin planificación. Tales reflexiones nos obligan a los líderes del Movimiento Ecológico de Venezuela (Movev) establecer en nuestra propuesta de gobernabilidad verde, temas como: el agua, los suelos, la basura y la contaminación en todas sus modalidades, para lo cual nuestros legisladores y concejales, deberán producir leyes y ordenanzas adaptadas a nuestra realidad, y desde los gobiernos municipales y del gobierno regional, produciremos políticas audaces para generar inversión foránea en dichas áreas, destinando un importante porcentaje del presupuesto ordinario del estado en educación ciudadana, con el fin de crear una cultura conservacionista. La cultura es la forma como se expresa el ser humano en sus relaciones sociales y espirituales con el entorno. Es la forma como el ser humano se relaciona con el mundo y puede tomar decisiones para mejorar su calidad de vida.

Liderazgo y Educación Ambiental

En virtud de los problemas globales relacionados a la acumulación de gases invernadero, su efecto en el calentamiento global y cambios climáticos, la discusión mundial ha puesto sobre la mesa la reflexión acerca de la relación del hombre con su medio. La definición actual de medioambiente, es una definición más bien holística donde no sólo está conformado por el medio físico circundante, sino que se define como medio que parte desde el individuo en un medio natural y artificial, como de todas las posibles interrelaciones que subyacen entre distintos sistemas permitiendo incorporar lo social y cultural. “El sistema global constituido por elementos naturales y artificiales de naturaleza física, química o biológica, socioculturales y sus interacciones, en permanente modificación por la acción humana o natural y que rige y condiciona la existencia y desarrollo de la vida en sus múltiples manifestaciones”. La definición anterior involucra una visión global más allá de la percepción inicial de sólo un ambiente físico, en donde nuestras casas, barrios, comunidades y cultura también lo son. La reflexión apunta a que individualmente es fácil criticar acciones a entes o niveles superiores privados y públicos no haciéndonos cargo de nuestra “Responsabilidad Social Individual” en relación a estos temas. Entonces, si deseamos estar en una nueva sociedad donde cada uno se conceptualice en el medioambiente, la pregunta que nos queda es: ¿Cómo hacer que tal concepto y en especial a los asociados al Desarrollo Sustentable, sean traspasados a la sociedad como un todo que modifique conductas contradictorias como el andar en un auto menos contaminante pero abrir la ventana para botar basura? La primera vez que visité Houston en el estado de Texas, me llamó profundamente la atención la limpieza de las calles, piletas, paseos y parques que para mis compañeros de estudio europeos era algo natural y entendible, mientras que para quienes veníamos de latinoamérica como para africanos nos parecía de una limpieza increible. Lo primero fue pensar en que el sistema de recolección de basura era excepcional; sin embargo, al mirar los comportamientos de los ciudadanos en el Downtown y parques aledaños no aprecié a nadie rompiendo bancos, rayando el tranvía, botando bolsas o papeles donde no correspondían, lo cual incluso al consumir alimentos me obligaba a realizarlo en los lugares habilitados para ello, siendo en sí numerosos, así como los lugares destinados a fumadores. Llamó mi atención el número de recipentes de basura y la distancia que había entre ellos, siendo vergonzoso hacer algo indebido, además de ser filmado y vigilado. Al preguntar a ciudadanos estadounidenses el porqué lo hacían nunca en sus declaraciones salió que fuera relevante para el medioambiente o los animalitos, sino por el contrario la frase recurrente era: “porque hay que hacerlo”. Para mí fue casi un shock, no porque no estuviese correcto, sino porque implicaba directamente un cambio conductual al más puro estilo del acto reflejo de lavarse las manos antes de comer o de lavarse los dientes después de cada comida, donde tales actos los realizamos sin la convicción profunda de que será lo mejor para nosotros sino como a modo de una costumbre arraigada. Esto me recordó el slogan de una marca de crema dental que decía “úsala de noche y de mañanita”, lo cual nos llevaba a “tomar conductas” sin la reflexión de que tal conducta posea un retorno para nosotros mismos. Por otra parte, hoy nadie cuestiona el no lavarse las manos, cuando una de las principales campañas de cambio de conducta fue para la prevención del Cólera o de la frase en nuestras abuelitas de “niño sano – niño gordito”, enunciadas para combatir décadas atrás la desnutrición; hoy todos problemas recurrentes en Venezuela. Todo lo anterior me ha llevado a la reflexión, sobre la base de los hechos observados, que estos respondían precisamente a lograr a cambios conductuales muy difíciles de lograr cuando especialmente estamos acostumbrados y cómodos a realizar las cosas como las hemos hecho durante años. Titánica tarea que nos proponemos emprender desde el Movimiento Ecológico de Venezuela, en sinergia con Escuelas, ONG’s, Universidades, Medios de Comunicación y Comunidades Organizadas. El desafío lo asumimos los verdes venezolanos, pero contamos contigo.

Educación para derrotar la pobreza

En la actualidad la sociedad venezolana se encuentra ante su más importante desafío y encrucijada, luego de las reiteradas frustraciones que le ha tocado vivir, en virtud de haberle otorgado durante las últimas cinco décadas su confianza a quienes no han sabido corresponder al momento histórico en el que les ha tocado ejercer su representación ante los distintos órganos del poder público. Las organizaciones partidistas, lejos de ocuparse seriamente al proceso de organización y formación de la sociedad civil, a fin de garantizar el acceso de éstas a los espacios donde se toman las decisiones, se convirtieron en vulgares instrumentos del clientelismo y la corrupción, deteniendo y negando el avance al desarrollo sustentable del país y a una sociedad cada vez más exigente que voluntariamente ha decidido irrumpir sin las mezquinas ataduras partidistas, para ir en búsqueda del rol protagónico que la propia Constitución de 1999 establece en buena parte de su contenido. Esta Constitución que reemplaza la de 1961, comparada con ella es más social y pone en hombros del Estado mayores responsabilidades y deberes. Es una Constitución rebosante de promesas para las clases populares. Creemos que la satisfacción de las mismas será como de hecho lo es, lenta y trabajosa por la falta de medios y preparación suficientes, además de la poca o nula voluntad política e incapacidad de quienes la propusieron y tratan de desvirtuarla. También tiene la característica de apelar a la ciudadanía y a la sociedad organizada a que se movilice y contribuya con su presencia a la toma de decisiones no sólo a nivel local sino nacional y hasta legislativo, es decir, dando su opinión en la discusión de las leyes.
Echamos de menos en el nuevo texto constitucional vigente disposiciones categóricas y terminantes a favor de la educación básica y capacitación profesional y vocacional de las clases populares. En tal sentido dentro de la propuesta programática del Movimiento Ecológico de Venezuela (Movev), nos proponemos como segundo punto en la agenda, la creación a nivel de cada Parroquia la Escuela de Gerencia Comunitaria y Ecología Política, con el objeto de propiciar una agresiva actividad formadora y capacitadora en beneficio de los lideres comunitarios, luchadores sociales y vecinos en general, de cuyo esfuerzo pedagógico resultará a la postre la red de ciudadanos con las competencias necesarias para optar a cargos de representación popular sin la dañina intermediación partidista, que redundará en la perfectibilidad del propio sistema de libertades y en una sociedad más equilibrada y armónica.
Además de ocuparse de la infraestructura y dotación de las instituciones escolares, el estado debe crear las condiciones medioambientales necesarias para que el hecho educativo sea placentero y no la pesada carga que hoy significa para docentes, estudiantes y comunidad en general. Mientras más atractivo y agradable sea el ambiente que rodea a la escuela, más posibilidades habrá de que el estudiante se motive a continuar proactivamente todo el proceso de enseñanza aprendizaje, obligando a los docentes a prepararse mejor y ser más creativos, predispuestos a dar lo mejor de sus capacidades. Otro aspecto a mejorar es el nivel de vida del docente, a partir de la internacionalización del ingreso, a objeto de equiparar la calidad de la infraestructura y medio ambiente con la autoestima para asumir el carácter solemne que debe tener la educación como proceso indispensable para derrotar la pobreza, tanto espiritual como material.

Economía verde. ¿Hay futuro en nuestro futuro?

El fuerte traspié que sufrió la economía mundial a finales del año pasado, nos ha despertado dudas o confirmado las que teníamos sobre su sostenibilidad. Sin embargo, hace poco más de cuarenta años, Kenneth E. Boulding marcaba un paso al frente y alertaba sobre la importancia vital del medio ambiente en el desarrollo de nuestro sistema económico. Conceptualizó a este sistema como la “economía del vaquero” (cowboy economy), siendo el vaquero un símbolo de planicies ilimitadas; también asociado a un comportamiento imprudente, explosivo, romántico y violento. Sin embargo, para Boulding debía modificarse la percepción y darle paso a la “economía del astronauta” (spaceman economy), en donde la Tierra sería una solitaria nave espacial, sin reservas ilimitadas, ni para extraer ni contaminar (Boulding, 1966). Un punto azul en la inmensidad del universo es nuestra solitaria nave espacial. Tan única que ni el esfuerzo intelectual de miles de científicos, ni las cuantiosas sumas de dinero invertidas en investigación y exploración del espacio exterior, nos han permitido habitar otros planetas. Sin embargo, ¿cuál sería el sentido de colonizar otros mundos si, teniendo todo en nuestra maravillosa nave azul, podemos estrellarnos? No considero como alternativa el condenar y mandar fusilar a nuestro sistema económico. Bien o mal, ha generado progreso en nuestra sociedad. Indudablemente, éste no ha sido equitativo y el costo, en definitiva, ha sido elevado. La respuesta –que espero llegue un día no debe decirnos cómo evacuar la Tierra sino como debemos repararla. Para ello, se tiene que replantear y darle un giro de 180° a la idea rapaz de que el medio ambiente se adapta a las necesidades del ser humano. Ahora bien, el giro se está dando y enarbola la bandera del “desarrollo sustentable”. Múltiples definiciones e ideas giran en torno a este concepto, por primera vez puesto en la escena internacional por la Comisión Brundtland en 1987. Posteriormente, en 1996, el movimiento conocido como Forum for the Future lo define de la siguiente manera. “El desarrollo sustentable es un proceso dinámico que permite a toda la gente alcanzar su potencial y mejorar su calidad de vida a través de vías que, simultáneamente, protegen y mejoran los sistemas que soportan la vida en la Tierra”. La idea del desarrollo sustentable suena seductora y al menos deberíamos darnos cinco minutos para escucharla. Palabras más, palabras menos nos invitaría a seguir estos cinco principios: 1. Vivir dentro de los límites ambientales: Respetar los límites del medio ambiente, recursos naturales y biodiversidad del planeta, asegurando que los recursos que necesitamos para desarrollar nuestra vida sean utilizados de forma eficiente, provocando el menor impacto y asegurando su disponibilidad para generaciones futuras. 2. Asegurar una sociedad fuerte, saludable y justa: Alcanzar las diversas necesidades de las actuales y futuras generaciones, promoviendo el bienestar personal, cohesión e inclusión social, e igualdad de oportunidades. 3. Alcanzar una economía sustentable: Construir una economía fuerte, estable y sustentable que provea prosperidad y cree oportunidades para todos, en donde los costos ambientales y sociales sean internalizados (que el daño se refleje en los precios de mercado) y los recursos se utilicen de manera eficiente. 4. Impulsar una buena gobernabilidad: Promover activamente esquemas efectivos de participación en la toma de decisiones en todos los niveles y ámbitos de la sociedad, aprovechando la creatividad, energía y diversidad de la gente. 5. Utilizar la ciencia responsablemente: Asegurar que las decisiones y políticas públicas implementadas se sustenten con base en evidencia científica robusta, en caso de incertidumbre científica utilizar el principio precautorio. Desde el Movimiento Ecológico de Venezuela (Movev) proponemos la Ecología Social como tercera vía para dos propósitos: derrotar la polarización y a los depredadores del socialismo del siglo XXI, así como a la partidocracia imperante, corresponsables de la crisis de gobernabilidad en nuestro país, para poder comenzar a construir la Venezuela sustentable.